martes, mayo 17, 2011

Pendejita

Se ha vuelto media pendeja, sí, sí, ahora sonríe, saluda, habla, conversa, y hasta ríe. Ni qué decir, ya es pendejita como las demás. En este cielo que me da ganas de llorar, y hasta ya estoy llorando ¿no ves? Viviendo entre tanta tristeza de arriba y de abajo, cómo alguien puede ser tan feliz, no hay forma ¿no? No, no, no la hay, pero ella está feliz. Cómo sabes, puede parecer alegre, contenta, pero mira, yo creo que es sólo careta, la he visto de vez en cuando, sus ojos, esa mirada algo perdida, ensayando una sonrisa media falsa, no sé si otros se hayan dado cuenta, yo sí, ella guarda su tristeza, la esconde, trata de desaparecerla. O sea, tú me dices que ella es infeliz. ¿Y quién no lo es? . ¿Tú eres feliz acaso?... Vamos, responde. No pues, nadie lo es, o me vas a decir que tú sí lo eres. No me has respondido a mi pregunta aún. Ya no tiene importancia, si yo no soy feliz no significa que nadie lo sea. Además, qué importa, acá estamos hablando de cómo ella se ha vuelto media putita. Jaja, no pues, putita tampoco, no le faltes el respeto. ¿Qué? Me vas a decir que te importa como la tratemos, si ni siquiera se va a enterar de esta conversación. Espera, espera, que no se entere no significa que podemos hablar mal de ella. Ok, basta de ella, dejemos de hablar de ella, ella, ella, todo ella, mucho “ella” para ti. Si ni siquiera le hablas, yo tampoco, a lo mucho un saludo, pero no más. Yo sí la saludo y hasta de vez en cuando una pequeña conversación. Ahora que se ha vuelto media pendejita, no te digo que saluda, conversa y hasta ríe, recontra pendeja pues. Ya, pero te digo que dejemos de hablar de ella. ¿Ya? Ya. Y ahora, qué hacemos, de qué conversamos. No sé, siempre tenemos algo que hacer. Al parecer hoy no. Déjame pensar, algo se nos tiene que ocurrir… ¿Si conversamos? Me parece una buena idea, pero de qué. Otra buena pregunta, déjame pensarlo de nuevo… Y si hablamos de ella, dicen por ahí que se ha vuelto media pendejita. ¿Te parece un buen tema para pasar el rato? Me parece bien, tengo que contarte algunas cosas que he visto de ella, ya verás que muy reveladoras. Pero ya será para mañana, ya es tarde, tengo sueño. Sí, yo también, mañana nos vemos acá mismo, a la misma hora. Chau, cuídate. Adiós, esperaré esas cosas reveladoras que me ibas a contar.
Ambos o uno, caminaban por el malecón, con ese cielo plomizo que hace llorar…